El combate de Yaví (o Batalla de Yaví o Sorpresa de Yaví) O “Día de los Mártires de Yavi”, fue uno de los episodios más tristes de la gloriosa gesta conocida como la Guerra Gaucha.
La “Sorpresa de Yavi” encuadra en las guerras gauchas por la
independencia argentina que se sucedieron después del 9 de julio de
1816, cuando la Corona Española envió su ejército con el objetivo de
recuperar el ex Virreinato del Río de la Plata.
Los Generales Españoles a cargo de la ofensiva fueron Pedro Antonio
de Olañeta y Juan Guillermo de Marquiegui. El avance sobre Yavi encontró la resistencia del legendario Marqués del Valle del Tojo, Juan
José Feliciano Fernández Campero, conocido como el Marqués de
Yavi, comandante del general Martín Miguel de Güemes.
El ataque fue completamente sorpresivo y breve, pero fue, sin
embargo, uno de los enfrentamientos más sangrientos de la historia de
nuestra independencia.
Tal como sostiene la investigadora María
Cristina Fernández -miembro del Instituto Güemesiano y ferviente
impulsora del rescate y la promoción de la memoria de los sucesos de
la “Sorpresa de Yavi”-, cuando Olañeta informa a sus superiores lo
ocurrido en Yavi el 15 de Noviembre de 1816 dice que ese día
“sorprendieron a 800 insurrectos.
La mayoría de ellos quedaron tendidos en la zona, muertos, dejándonos su sangre para el estímulo, para el recuerdo de que lo que se hace con convicción tiene que ser
para que lo recordemos. 340 fueron martirizados luego en vida siendo
llevados hasta Potosí. En Potosí fueron vendidos públicamente para ir
al servicio de las familias realistas. Aquellos que nadie quiso comprar
fueron degollados, porque que había que dar un escarmiento. Y 40
quedaron vivos y siguieron hacia territorio de La Paz. El día 6 de enero
de 1817 fueron ejecutados los últimos de aquellos de quienes si hay constancia documental de ese suceso.”
En la región de la puna jujeña la mayoría de los habitantes eran miembros de las comunidades originarias de la región y constituyeron la composición principal de las fuerzas de Fernández Campero en la resistencia a las fuerzas realistas.
De hecho, uno de los patriotas ejecutados bajo el argumento de ser “indígena alzado” fue Diego Cala, quien luchaba bajo las órdenes de Campero junto a numerosos representantes de los pueblos originarios. Su muerte simboliza la fiel y genuina contribución de los pueblos originarios en la lucha por la independencia. /Diario Abra Pampa















































